Ciudadano, Condenado… y Libre

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    Mientras El Salvador presume de una prisión de máxima seguridad donde los pandilleros no pueden ni parpadear sin permiso, aquí en Luisiana tenemos a Tra’Von Johnson—un estadounidense de nacimiento, acusado de homicidio—que ha logrado escaparse dos veces de la misma cárcel.

    Dos veces en menos de un año.

    ¿La primera? Mayo de 2024. Se arrastró por una abertura en la pared y escaló dos vallas con alambre de púas. Las autoridades lo encontraron al día siguiente, escondido en un contenedor de basura detrás de un Dollar General.

    ¿La segunda? 22 de mayo de 2025. Otro recluso le ayudó a saltar la valla perimetral. Sin redadas de ICE, sin drones, sin unidades tácticas de élite—solo un recuento que, con retraso, se dio cuenta: “Uy, nos falta uno.”

    Tra’Von Johnson no es un inmigrante indocumentado. No es miembro de un cartel extranjero. Es un ciudadano estadounidense condenado, pero al parecer no lo suficientemente “peligroso” como para justificar la misma respuesta que se da a presuntos miembros de la MS-13 o a quienes cruzan la frontera con una visa caducada.

    Entonces, ¿dónde están ahora los cazadores de recompensas? ¿Dónde está Troop NOLA cuando la verdadera amenaza ya está dentro?

    Hemos gastado miles de millones en proteger la frontera. Tal vez ya es hora de empezar a reforzar los muros que rodean a los asesinos que ya tenemos atrapados. Porque si de verdad es “TOO EASY LOL” salir de la cárcel, el problema no es quién entra… sino a quién seguimos dejando salir.